
Es tan difícil encontrar la solución a los problemas, es tan complicado sentarse pensar cómo, cuándo, dónde, con qué sistema, estará bien así?, no, no no, mejor asá.
Pero, hay una sola cuestión que siempre, SIEMPRE Y SIN NADIE QUE ME REPROCHE funciona.
Reír.
No sonreír, no escuchar un chiste fome, no apuntar con el dedo mientras ridiculizas a alguien, no...
Reír a carcajadas. Ataque de risa que retumbe en tus oídos, en las paredes, que rebote tanto que no puedas parar, porque entre más escuchas peor se vuelve. Reír hasta sentir que te haces pipí ahí mismo, reír tanto que lloras de felicidad, reír tanto que la cara duele y la guata también, y quieres parar, pero no puedes porque el sólo hecho de intentarlo te da más risa.
¿Qué causó tanta risa hoy? Se preguntarán.
Lo más sano que puede causar la propia risa son los defectos, los propios defectos. Mis defectos.
En 10 minutos con la Caro, mi mejor amiga, me hizo reír más que nadie en meses. Hablamos de todas esas cosas ridículas (todo por una anécdota que no vale la pena contar aquí), de esas "no, no puedes ser así, que terrible" que tenemos, de aquellas cosas que nos avergüenzan profundamente, pero ¿y qué?. Esas cosas que siempre "pasan piola" pero que uno sabe que están.
Que tontera. Que ridículo amargarse por eso.
pd1. Ríete, Natalia. Sigue riendo.
pd2. A ver si así haces reír a los demás.

0 comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.